En México me conocían como Erik. En mis veinte me reinventé en Madrid: empecé a presentarme como Octavio y allí me llamaron Tavo. Madrid fue mi segunda ciudad. En México todavía no sabían quién era Tavo.
Volví a México en mis treinta, sin nada, y comencé otra vez. Erik. Tavo. Project manager. Me volví a reinventar y dominé mis miedos. Después llegó Hope a recordarme que la vida no siempre es como uno la quiere, pero siempre te da esperanzas.
Un año después llegó Max, el pequeño de la casa, a multiplicar las alegrías y los enojos. Y nos fuimos al sur. Al sur de un continente: Buenos Aires, Sudamérica. A partir de entonces empezamos a mudarnos de tres en tres.
Mi carrera siguió creciendo. Con la pandemia dejé atrás esa etapa para buscar mi vie en rose. Lo que vino después terminó abriendo mi caja de Pandora. Caí más bajo que nunca.
No tenía tiempo de lamentarme ni de esconderme bajo las mantas a llorar. Tenía que poner a salvo a Hope y Max. Volvimos a México en mis cuarenta.
Hoy sigo aquí con ellos. Construyo HME84, retomo Las Voces del Sepulcro y desarrollo herramientas para trabajar con mis imágenes, mis recuerdos y mis proyectos. También sigo buscando cómo sostener mi propia vida.